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En su discurso, que dio cuenta del empeoramiento de la economía global, De Gregorio señaló que en Europa se está agotando la voluntad para implementar reformas estructurales, haciendo ver la falta de voluntad en los países europeos para aplicar medidas concretas a la crisis: “con electorados -tanto en los países acreedores como en los deudores- reticentes a aplicar las difíciles medidas que aseguren a mediano plazo la consolidación fiscal y la contención de la crisis soberana” en la región.
“El riesgo de ajustes desordenados es elevado, y sería recomendable reforzar los balances, especialmente de los bancos más expuestos a la periferia del euro. (…)Medidas más extremas de reestructuración de deuda pueden ser inevitables si se descartan las transferencias fiscales y se agota el espacio político para ajustes fiscales en los países deudores”, advirtió.
Según él, llama la atención que las negativas implicancias sobre crecimiento, derivado de mayores ajustes fiscales de corto plazo no reciban la debida atención de parte de la comunidad global. Por lo mismo, aconseja “mucha cautela a la hora de implementar medidas de consolidación fiscal en el corto plazo, en especial donde la sostenibilidad de largo plazo de las finanzas públicas no está amenazada”.
En cuanto al comportamiento de las economías emergentes, sostuvo que era improbable un desacople total del escenario global y que si éste se deteriora mucho, los países con tipo de cambio flexible y metas de inflación -como Chile- “tendrían espacio para ajustar la política monetaria, gracias a acciones oportunas de política que han frenado el riesgo de sobrecalentamiento (…) en un contexto de expectativas inflacionarias alineadas”.
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